Nuestra segunda piel

Nuestra segunda piel

Cuando nacemos, nacemos desnudos y la Madre Naturaleza deja en nuestras manos elegir cómo queremos vestirnos. Nuestra piel funciona desde el primer momento de vida como barrera entre nuestro cuerpo y el mundo exterior. La piel marca el límite de nuestro cuerpo físico, protegiéndonos del entorno y definiendo cómo nos relacionamos con él. La piel es absolutamente perfecta para este fin. Cuando nos vestimos debemos ser conscientes de que la ropa que elegimos se convierte en sí misma en nuestra segunda piel.

¿Cómo queremos que sea esta, nuestra segunda piel? ¿La queremos tan perfecta como nuestra propia piel? Si la respuesta es afirmativa, entonces debemos elegir prendas elaboradas con tejidos naturales: algodón, lana, lino... prestando especial  atención además a que estos tejidos hayan sido respetuosamente tratados en su procesado para no perder cualidades.

Una vez en casa es necesario atender el uso y cuidado de la prenda para que mantenga su esencia intacta. Además podemos disminuir la contaminación que producimos en el lavado. Para ello hay marcas de jabones que son un auténtico ejemplo de respeto y cuidado con tejidos y medio ambiente. Jabones Beltrán y su línea Biobel es una de ellas.

Este proceso que estamos describiendo es aún más importante para la piel de un bebé. Después de meses en el paraíso del seno materno, el bebé se ve expulsado a un mundo frío y desconocido.

Estará desnudo y será tal vez envuelto en una tela de olor agresivo a los productos químicos con los que haya sido lavada. Con suerte, será acogido en una cálida toalla suave y arrulladora.

Una de las principales razones por las que nació MONIKAKO fue la necesidad de una madre de acoger y envolver a sus hijos de la forma más amorosa y cuidada posible, de vestirlos con Amor y Cuidado respetuoso. De vestirlos con ropa amorosa, cuidada, respetuosa.  Las prendas que creamos en Monikako están hechas con amor y son sanas y respetuosas, no solo con nosotros y nuestra piel, sino también con este planeta que es nuestro hogar.

Y es que la Tierra puede considerarse nuestra cuarta piel, siendo la tercera nuestra casa. Ambas nos protegen del mundo exterior y aseguran nuestro bienestar.

Tratemos con cuidado nuestras cuatro pieles, ganaremos en salud y felicidad. 

Comentarios (0)

Deja tu comentario